domingo, 30 de agosto de 2015

CAPÍTULO 1- ¡¡Vamos a la Escuela!!-Años 50-60

Recuerdos y vivencias de mi infancia en la escuela de Benquerencia y de mi regreso a ella años más tarde, ya como maestro. En un futuro completaré este capítulo contando algo de la época de D. Aníbal y otras cositas interesantes de aquella época. Muchas gracias a los que me han enviado sus colaboraciones. Espero que os guste.
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Como cada día Manolo revisó su cartera para comprobar si lo llevaba todo. Vio que le faltaba el pizarrín y le pidió uno a su madre.
-Toma, éste es de los blandos. Espero que te dure más porque eres un desastre que todo lo pierdes. 

-No te pares a jugar por la calle que llegarás tarde y luego el maestro le dará las quejas a tu padre que ya sabes lo que hace contigo cuando se enfada.

-No te preocupes madre, llegaré a tiempo.

La Escuela estaba justo enfrente de la Iglesia. Cuando entrabas a la derecha había un banco largo en el que cabían seis o siete alumnos. En el centro estaban los pupitres de dos plazas y la mesa del maestro. A la izquierda los servicios.
Cuando llegó Manolo se puso a jugar a las bolas con sus amigos Juan, Víctor y Joselín ya que la escuela aún estaba cerrada.

Pasadas las nueve asomó por la Calleja de la Loba con sus rápidos andares el maestro D. Valeriano. Abrió la puerta y cada uno ocupó su lugar. -Los pequeños caligrafía y los grandes a leer, ordenó 

D. Valeriano. 

El grupo de los mayores sacó el libro Cien Figuras Españolas y fueron leyendo individualmente. 

Las vidas de Viriato, Séneca, Quintiliano, Teodosio el Grande y el Cid Campeador desfilaron ante los ojos de los alumnos benquerencianos. Luego venían las preguntas para comprobar que se había entendido la lectura. Si no sabías algunas respuestas corrías el peligro de que se escapara algún que otro palmetazo.

Cada cierto tiempo uno de los alumnos mayores se encargaba de hacer la tinta. Eran unos polvos azules que había que mezclar con agua. La dosis era de un sobre por litro. Cada vez se hacían dos litros que era la capacidad del "bote de la tinta". Una vez hecha se procedía al relleno de los tinteros que había en los pupitres.
Para escribir con tinta utilizábamos unas plumillas de unos 4cm. que se insertaban en un mango. Había dos clases: la recta que se utilizaba para la escritura normal y la de "pico de cigüeña" que era angulada y se usaba para la caligrafía.

Un día llegó mi tío Valeriano a la escuela un barreño de chapa, un cántaro de barro para agua y un largo palo de madera. ¡¡Vaya misterio!! ¿Para qué querríamos en la escuela todos aquellos instrumentos ? 

-Mucho cuidado de no romper el cántaro que nos tendrá que ser de mucha utilidad durante bastante tiempo-nos dijo. 

Al cabo de unos días llegaron unos hombres y descargaron una serie de latas cilíndricas, más unos recipientes, también de esa forma geométrica pero de papel prensado, materiales, por otra parte, nunca vistos por nosotros. Las latas eran de latón color dorado con unas letras impresas en negro pero de unas formas desconocidas y con leyendas incompresibles que hablaban de ayuda al pueblo español etc. etc., y en el centro, también en negro, dos manos
estrechándose y al fondo de estas manos podía verse una bandera con muchas estrellas, que luego nos explicaron era la bandera de los Estados Unidos de Norteamérica. 

Exactamente la mitad de las latas contenían mantequilla y la otra mitad queso. Y el recipiente de cartón (bastante más grande que las latas) contenía leche en polvo.

La ayuda alimenticia norteamericana había llegado a Benquerencia   en forma de  leche en polvo,  mantequilla y  queso, productos éstos vedados durante muchos años entre las capas sociales más necesitadas. 
Aquello de la leche pulverizada era una rareza para muchos y un descubrimiento para casi todos que, al principio, tomamos con cierta desconfianza. En nuestra ignorancia, no podíamos concebir que un líquido se transformase en polvo, pero lo cierto y verdad es que al diluirlo en agua tomaba la blancura de la leche, algo de su espesor y un sabor aproximado a la que salía del ordeñe de las vacas o las cabras. 

Con la mantequilla no había duda, con el queso tampoco, dado su consistencia y efecto inmediato en el paladar sin más condición que el de morderlo y masticarlo, si bien nos extrañaba el color amarillento y su blandura pastosa aunque agradable.

A Manolo y Tomás les tocaba ese día preparar la leche así que echaron agua en un barreño, añadieron los polvos y comenzaron a remover. En unos cuantos minutos estaba lista para tomar. 
La verdad era que no estaba mala y algunos repetiamos el vaso que nos tocaba porque siempre sobraba y no era cuestión de tirarla.

Yo, de vez en cuando, quitaba la tapa y cogía un puñado de polvos, me los metía en la boca y se formaba una amalgama en el paladar que no se disolvía ni con ayuda del dedo índice que actuaba como rascador.
El queso venía en enormes latas cilíndricas de metal dorado. Era muy bueno, o al menos a mí me lo parecía, y tenía una textura parecida al queso de bola o a  los actuales quesitos en porciones. Los más afortunados lo poníamos dentro del bocadillo que llevábamos de casa. Otros sólo se traían el pan. Alguno había que ni eso.

En nuestro pueblo, por aquellas fechas, y a pesar de todo, no creo que hubiese verdadera hambre física hasta el punto de irse a la cama sin cenar por no tener algo que llevarse a la boca, pero sí carencias de todo tipo y necesidad de muchas cosas, entre ellas de alimentos que hoy consideraríamos de primera necesidad o básicos (huevos, carne, pescado, leche, fruta y otros) se comían, sí pero digamos, de forma muy precaria y dependiendo de la temporada estacional anual con respecto al alimento.

En los días de frío se pasaba bastante mal ya que el local carecía de cualquier tipo de calefacción y los sabañones estaban a la orden del día. 
En la mesa de mi tío Valeriano había un brasero que duraba un par de horas. 

Algunos llevábamos ascuas de la lumbre en una lata de sardinas de kilo vacía a la que habíamos enganchado un alambre para no quemarnos. Nos la poníamos entre los pies y hasta que se apagaban nos daban un calorcillo encantador.


En la escuela éramos 20 o 25 alumnos de distintas edades y niveles(Las chicas estaban en la otra escuela de debajo del Ayuntamiento con Dña. María y otra maestra).
Las materias principales eran las "Cuatro Reglas", algo de
Geometría, Geografía, Historia, Religión y otras cosas que venían en la "Enciclopedia Álvarez" de 1r. y 2º grado".
El cálculo solía hacerse por las mañanas. El maestro ponía en el "encerado" las cuentas de los diferentes niveles. Cada uno de nosotros copiábamos en nuestras pizarras las que nos correspondían y las resolvíamos. A la hora de corregir cada uno hacía una operación en el encerado y se comprobaban los resultados. Tambien era muy normal que "los mayores" corrigieran las de los más pequeños siempre con el visto bueno de D. Valeriano.


D. Valeriano y la maestra de la escuela de las niñas Dª. María venían cada día de Castuera porque allí tenían fijada su residencia. Lo hacían en el Forito del maestro, que era uno de los primeros coches, junto con el Angelito, que había en Benquerencia.

La escuela de las chicas estaba debajo del Ayuntamiento. Había dos clases. En una estaba como titular Dª. María y por la otra fueron desfilando varias maestras que, normalmente, estaban en Benquerencia durante un curso.

Durante bastante tiempo Dª. María venía de Castuera en una Vespa que  dejaba en la carretera para evitar las empinadas rampas que le conducirían a la escuela. Eso si, cada día un grupo de alumnas bajaban a esperarla para que no subiese sola.

La clase la tenía organizada según los conocimientos de las alumnas: Las que más sabían delante. Las que menos detrás. Era como una competición deportiva en la que ganabas o perdías puestos según el rendimiento obtenido durante la jornada escolar. Esta distribución venía de perlas si de improviso se presentaba el Sr. Inspector ya que era normal que hiciese las preguntas a las alumnas que tenía más cerca. Las de las primeras filas.
De izquierda a derecha y de atrás hacia adelante: Isabel de Gironza, Dª Paquita, Manola del Chiquitín, Vicenta, Maruja de Belmonte, Angelita, Rosa de Triviño, Antoñita, Pilar, ….Isidora, Consuelo, Natalia, Basi de la Churrera, Manolita de Plano, Manola de Algaba, Inesita, Manola, Carlota, Antonia de la Constanza, Anuncia, Maruja, Josefina, Isabelita, Angelita, Orencia, Magdalena de Mateobola, Magdalena y Cruz.

Durante el invierno se pasaba mucho frío en las clases ya que no se contaba con nigún tipo de calefacción,
Dª. María habló con Víctor, el alcalde, y consiguió que Eugenio, el carpintero, le hiciese una tarima para su mesa con el correpondiente hueco para colocar el brasero. Cada día un par de alumnas eran las encargadas de que estuviese prendido para cuando llegase la maestra.

Maestros y maestras de aquella época además de Dª. María y mi tío Valeriano fueron D. Víctor, D. Ramón, D. Félix, D. Tomás(de Salamanca), D. Adolfo Noci Sánchez(de la Higuera) que venía los lunes en su moto Lambreta y se quedaba hasta el sábado en casa de la María de Canela, D. Fidel, Dña. Concha, Dª. Paquita, Dª. Carmen, Dª. Bebis, Dª. Trini.

Mención especial merece D. Aníbal, hermano de la Asunción. Estuvo en Benquerencia durante bastantes años. Daba clase en los doblados de la Pilar de Roque y de la María de Juan Puro.
Fue un gran maestro que obtenía de sus alumnos excelentes resultados(un buen número de ellos hicieron carrera). 

De su profesionalidad baste decir que un día faltaron a la clase José del Choncho y El Caracol  mandó a dos alumnos mayores a sus casas para informarse del por qué no habían asistido. Si la causa no era justificada tenían que volver a la clase y una vara de "acibuche" les haría entrar en razón para que esos acontecimientos no volvieran a repetirse.(Recabaré más información sobre él cuando vaya a Benquerencia y ampliaré este texto)


ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES
Año 1956
Cada jueves por la tarde, si el tiempo lo permitía salíamos de paseo al campo para conecer y estudiar la naturaleza.
Recuerdo que uno de esos jueves salimos por el camino de la Muña. Me extrañó que mi tío Valeriano me diera, para que se la guardase, una caja de cerillas. Estuvimos mirando los campos y
hablando de los cultivos de la huerta. 

Llegamos hasta el horno de Ignacio donde vimos los adobes que se estaban secando al sol mientras las tejas y ladrillos de arcilla roja se cocían dentro del horno.

Iniciamos el regreso y al llegar a la Muña nos colocó  en círculo alrededor suyo.
-¡¡Manolo, dame las cerillas!!- me gritó.
Todos estábamos deseosos de saber lo que iba a hacer con las cerillas.
Mi tío comenzó a hacernos preguntas: 
-Juan: ¿Por qué hace más calor en el verano que en el invierno?
-Porque en el invierno el sol está más lejos- contesto el alumno.
-Jesús: ¿Cual es tu respuesta?
-Que en el invierno las nubes tapan el sol y por eso hace más frío-contestó Jesús.
Entonces sacó de la caja una cerilla y mostrándonosla dijo:
-Esta cerilla es el Sol y mi de dedo la Tierra que, como ya sabéis, va girando alrededor de él.
Encendió la cerilla y continuó.-En invierno la tierra está situada aquí-dijo, colocando el dedo al lado de la cerilla, y los rayos  llegan a ella oblicuamente.
-En cambio en verano hace más calor ya que los rayos son  verticales porque la Tierra está aquí, y colocó el dedo por encima
pero demasiado cerca de la llama. 
-¡¡Me cago en diez, que me he quemado!!. gritó retirando la mano y tirando la cerilla. 

La mayoría soltamos una carcajada y luego nos vimos negros para seguir los rápidos andares de mi tío en el regreso a la escuela. Llegamos muy cansados pero todos habíamos aprendido el por qué de los cambios de temperatura en la cuatro estaciones del año.
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Durante bastante tiempo acompañaba a mi tío en los desplazamientos a Castuera Dª María, la maestra. 
Una tarde "subieron" al coche en el árbol de la carretera. Se ve que Valeriano fue hablando todo el tiempo y al llegar al final del viaje dijo a la maestra:
-¡Baja María que hemos llegado!.
Resultó que Dª María se había quedado en Benquerencia y él ni se había dado cuenta.
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Antes de comprarse el coche se desplazaba en una moto de gran cilindrada que hacía mucho ruido pero alcanzaba poca velocidad. Muchas veces comentaba refiriéndose al molino de aceite que habia a la salida de Castuera en la cuesta del Pozón:
¡¡Dicen que hay un molino!!  ¡¡Yo no lo he visto!
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Cuando empecé a estudiar en el colegio de Castuera me estuve quedando en su casa a comer durante un curso entero. A la semana o así de haber finalizado las clases estaba yo parado en la calle de Santa Ana cuando le vi acercarse por la acera  con sus rápidos pasos. Aún faltaban tres o cuatro metros para llegar a mí cuando lo saludé con un ¡hola! y levantando mi brazo.
-¡Hola! -me contestó sin detenerse.
A los diez o quince metros se detuvo en seco y dándose una palmada en la frente se volvió diciéndome.
-Me cache en la mar sobrino. ¡¡Ya decía yo que te conocía de algo!!

COLABORACIÓNES:

Antonia Plano Paredes-Año 1954: 

Me cuenta una anécdota la Antonia de Plano que le marcaría para toda su vida: Las chiquillas estaban jugando en la puerta de las escuelas esperando que llegase la hora y las maestras les permitieran la entrada para iniciar la jornada escolar.
Las alumnas de Dª. Concha entraron alborozadas y contentas con la alegría que daban sus encantadores años y el precioso día de primavera que disfrutaba Benquerencia.

Pero una de las alumnas entró llorando. 
-Antonia ¿Qué te ha  pasado? ¿Por qué llorás?-le preguntó Dª. Concha 
-Es que la Cristo me ha dado un pellizco retorcido-
¡Cómo que un pellizco retorcido?-
La Antonia cogió el brazo de la maestra para mostrarle lo que le había hecho la Cristo diciendo: -Así. 
Dª Concha dio un grito y le arreó a la alumna un tortazo en toda la cara.
La Antonia salió corriendo para su casa y nunca más volvió a pisar una escuela. Se hizo autodidacta y, aunque en aquella época estaba en la cartilla de la a,e,i,o,u, aprendió por su cuenta a leer y escribir además de las cuatro reglas. Trabajó durante muchos años en la farmacia del pueblo desempeñando a la perfección su trabajo.

Manolo Trajina-Año1960: 
Mi primer maestro fue D. Ramón que era de Castuera y rápidamente se hizo famoso porque nos dio una paliza con una vara de acebuche con nudos porque a un hijo de Agustín del Canario le quitaron la cartera de los libros. Posteriormente se aclaró que nadie se la había quitado sino que él mismo la había escondido entre el forraje y las habas que teníamos sembradas en el patio del colegio que estaba situado debajo de la carretera. La paliza fue de gran magnitud, sobre todo a los que pasamos primero. Yo fui el más perjudicado me hizo grandes verdugones y moratones. Otro de los que más cobró fue Antonio Morillo Nogales(el Golorín) . Mi padre me llevó al médico, D. Agustín y lo denunció. Luego le pidió pidió disculpas y mi padre le perdonó retirando la denuncia.
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Manolo Trajina-Año1961: 
También recuerdo que varias veces en primavera, cuando llegaba el jueves por la tarde, nos llevaba a toda la clase a coger espárragos al olivar de Gironza. Éramos unos treinta niños ya con doce o trece años. Imaginaté los espárragos que juntábamos. Claro todos para él. Luego nos obsequiaba con un lápiz o una goma de borrar.
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Manolo Trajina-Año1962: 
Otra vez recuerdo que estando con D. Ramón en la escuela de arriba(delante de la Iglesia) pasaron las niñas camino de su clase, que estaba en los bajos del Ayuntamiento,  cantando la siguiente canción:

San José de Calasanz 
se comió un pan,
la cabeza de un lagarto
y no quedó jarto.

Ésto lo oyó el maestro que las páro en seco y les dijo:
-Mañana me traéis escrito 1000 veces lo siguiente:

A San José de Calasanz
patrono de los maestros
tenemos que respetar
como si fuera lo nuestro.
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Manolo Trajina-Año1958:
Otra anécdota con el mismo maestro es que como bien sabes en invierno llevábamos a la escuela nuestro propio brasero fabricado con una lata de sardinas de unos 20 cm. de diámetro con un asón un poco alto para no quemarnos. Cuando llegábamos a la escuela nos quitaba a cada uno un par de brasas y llenaba su brasero para no pasar frío. Pero no por favor sino ordeno y mando.
Los métodos que se empleban en aquellos tiempos hoy serían inadmisibles. La mayoría de los maestros pensaban que "la letra con sangre entra"

Antonio-Año 1961:

Durante los recreos era costumbre que uno de los dos maestros subiese al Ayuntamiento mientras el otro se quedaba en la Escuela.
Un día regresó D. Víctor antes de tiempo y se encontró dentro de la clase  a
Juan de la Micaela fumando. No le dijo nada. A Juan le extrañó muchísimo y esbozó una sonrisita como diciendo "de buena me he
librado". La clase continuó como si nada hubiese pasado. 

Cuando se pusieron de pie a la hora de salir D. Victor señaló con el dedo a Juan diciéndole. "No salgas. Espera un momento que tengo que hablar contigo".
Cuando los alumnos marcharon, a excepción de Antonio y Ricardo que  se quedaron para terminar unos ejercicios, el maestro sacó su paquete de tabaco y, con mucha parsimonia, se puso a liar un cigarro. Juan lo miraba desconcertado. Cuando acabó dijo: 

-Hombre Juan, me he dado cuenta que fumas. Pues bien toma este cigarrillo.-
Se lo puso en la boca y lo encendió con su mechero de gasolina.
Los dos se quedaron en silencio y Juan iba dando caladas sin comprender nada. Cuando quedaba menos de medio cigarro Juan se dispuso a tirar la colilla. El maestro lo cortó en seco diciéndole:

-Ponte firme y sigue fumando. Como toques el cigarro con las manos te parto la cara.-
Pasaron unos minutos angustiosos ya que, cuando comenzó a sentir el calor del cigarro en los lábios, a Juan se le cayeron los primeros lagrimones. Poco después le dio un tortazo y la colilla salió volando por los aires. Seguro que pasaron unos cuantos años hasta que el amigo Juan empezara a fumar de nuevo.

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Fueron pasando los años. Manolo hizo  Bachillerato en el colegio de Castuera y Magisterio en la Normal Pablo Montesinos de Madrid. El curso 1960-61 estuvo en Benquerencia como interino. Las cosas habían cambiado mucho.
La "Escuela de los muchachos" ahora estaba debajo de la carretera y en ella había dos clases en las que se agrupaban los alumnos por orden de edad. El otro maestro de aquel curso era D. Víctor.
  
Alumnos curso 1960-61
Los seis de detrás: Antonio del Carpintero, Salvador Matías, Manolo de Teodomiro, D.Víctor, Pepe de la Hormiguita y Manuel de la Luisa del Zambombo..En el medio: Juan de la Micaela, Sixto Ramón, Jenarín, Santiaguín de Rorro, Elías de Calixto, Rafael de la Elisa, Victor del Pintor, Antonio de Justo de Tarrán, Ricardo del Guardilla, Eugenio del Carpintero, Pedro de Miguelete y Chacón.  De cuclillas: Pedrito del Vaquero, Rafael, Eugenio de Plano, José de Trajina, Diego de la Casilda, Manolo del Sastre, Antonio del Marruchino, Moisés de la Luisa del Zambombo, Pedro de Severino y Julio de Ubaldo. 
Los mismos de la foto anterior y yo
Las canastas de baloncesto las hice yo con unos tableros y dos aros de los de colgar las macetas. Total no disfrutábamos nada jugando.

Viendo las fotos anteriores vienen a mi imaginación recuerdos imborrables.¡¡Cómo han pasado los años!! ¡¡Cuántas vivencias e ilusiones!!

Hay tres o cuatro que, por desgracia, ya no están con nosotros. A ellos especialmente y a todos los alumnos/as de aquellos años va dedicado este capítulo.
Foto del año 1991
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: 1 Yolanda, 2 Susana Morillo,3 María Jesús Morillo, 4 Don Pedro,5Pedro Luis Benítez, 6 Leonor Gallardo, 7 Inma Acedo, 8 Adán Tena,9 Luis Tena, 10 Antonio Gómez, 11 Lina, 12 Manoli Gallardo, 13 Inés María Sánchez, 14 Jesús Tena, 15 Santiago Morillo, 16 Borja Tena     

FOTOS

SABINA RAMIRO(Foto enviada por Rafael Sánchez Ramiro)
PAULINA E ISABEL BENÍTEZ ROMERO
CARMEN MARTÍN
 
BASI TRIVIÑO
 JOSÉ MARTÍN
 ORENCIA MORILLO
 ROSA TENA y LOLA AMAYA

JULIO RIVERA HIDALGO
(Si alguien quiere contar en este capitulo alguna anécdota (las positivas también valen), texto o fotos que tengan alguna relación con la escuela de aquellos tiempos sólo tiene que enviármelas por  Fecebook(en privado), whatsAp o correo electrónico).

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